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Materialidad Financiera y Materialidad de Bienestar: Por Qué el Precio de la Acción No Detiene el Daño

Social Value International analiza el caso Del Monte en Kenia: cuatro años de denuncias sin efecto sostenido en el precio de la acción. La materialidad financiera no bastó. La alternativa: contabilizar el bienestar.

Materialidad Financiera y Materialidad de Bienestar: Por Qué el Precio de la Acción No Detiene el Daño

En resumen: La lógica dominante del ESG sostiene que las empresas evitarán causar daño porque el daño termina afectando sus resultados financieros. Social Value International examina un caso donde esa lógica se puso a prueba — y explica qué hacer cuando la teoría no se sostiene.


La premisa que sustenta casi todo el reporte ESG actual

El Consejo Internacional de Normas de Sostenibilidad (ISSB), creado recientemente, formula la razón por la cual la información de sostenibilidad es útil para inversionistas: la capacidad de una entidad de generar flujos de caja en el corto, mediano y largo plazo está inextricablemente vinculada a las interacciones entre la entidad y sus grupos de interés, la sociedad, la economía y el entorno natural a lo largo de su cadena de valor.

Eso es lo que se conoce como materialidad financiera.

Los autores del análisis —Rebecca Harvey, Ben Carpenter y Jeremy Nicholls, de Social Value International— son directos sobre lo que esto significa y lo que no: no se trata de lograr desarrollo sostenible ni de mejorar el bienestar de las personas y el planeta. Se trata de gestión de riesgo financiero.

El argumento de quienes defienden este enfoque es coherente: las decisiones empresariales evitarán impactos negativos sobre las personas porque todo impacto negativo, en algún momento, limita la capacidad del negocio de generar flujo de caja. En teoría, una empresa no abusaría de miembros de la comunidad local porque eso genera mala prensa, daño reputacional, caída en el precio de la acción, reducción de ventas, y posiblemente multas o compensaciones.

La pregunta que plantea el análisis es empírica: ¿funciona?


El caso que pone a prueba la teoría

En junio de 2023, The Guardian y el Bureau of Investigative Journalism publicaron una investigación sobre denuncias de que cuatro personas habían muerto y muchas más habían sufrido agresiones violentas, durante un período de cuatro años, por parte del personal de seguridad de una finca de piña de Del Monte en Kenia.

El bufete Leigh Day calificó los hechos como graves abusos de derechos humanos.

Si la materialidad financiera funcionara como predice la teoría, las consecuencias económicas deberían haber sido suficientes para prevenir esos hechos.

El dato que los autores presentan es el siguiente: los artículos de prensa revelan que Del Monte ha estado envuelta en escándalos similares durante los últimos cuatro años, pero el precio de la acción en ese período no muestra ninguna tendencia descendente significativa.

Su conclusión es sobria: parece que un negocio puede absorber las consecuencias. Cualquier efecto negativo sobre la reputación corporativa o la licencia social para operar es de corto plazo y pasajero.


La asimetría que el análisis expone

Lo más útil del texto no es el caso en sí, sino la estructura que revela.

Consecuencias para los accionistas: posible caída inmediata del precio de la acción, posible reducción de ventas si el escándalo continúa, posible multa al concluir las investigaciones.

Consecuencias para las personas afectadas: las familias de las víctimas cargarán permanentemente con la pérdida de un ser querido, y también con la pérdida de ingresos. Quienes sobrevivieron pueden sufrir lesiones físicas y daño emocional, pérdida de dignidad y respeto, y caída de ingresos.

Los autores señalan el punto crítico: esas consecuencias no son contabilizadas por Del Monte. No existe un libro contable que incluya el valor negativo experimentado por esas personas.

Y de ahí surgen dos problemas distintos que suelen confundirse:

  1. Las consecuencias financieras son bajas — insuficientes para modificar el comportamiento.
  2. El valor perdido para los inversionistas es completamente distinto del valor perdido para los afectados — no son la misma magnitud expresada en unidades diferentes; son cosas diferentes.

El análisis añade una observación que desarma un argumento común. Se sostiene que incluir esta información en el reporte propio de la compañía —en lugar de en un reporte periodístico— tendría más probabilidad de afectar las decisiones. Pero si las consecuencias financieras ajustadas por riesgo son bajas, es posible que la información ni siquiera se incluya en esos reportes, precisamente porque no es financieramente material.

Es un problema circular: un impacto se reporta si es financieramente material; si no lo es, no se reporta; y su ausencia del reporte refuerza que no se considere.


La alternativa: materialidad de bienestar

La propuesta de Social Value International es un mundo donde, al calcular utilidades, las empresas contabilicen los impactos que generan sobre el bienestar de las personas.

Desde 2007, SVI ha desarrollado un cuerpo de práctica para "contabilizar el valor", donde los impactos sobre el bienestar pueden registrarse e integrarse junto al valor financiero. Su comunidad de practicantes abarca más de 60 países y, según los autores, está demostrando que medir impactos sobre el bienestar es enteramente posible.

Mediante un enfoque basado en principios, estos practicantes producen una cuenta de valor social o cuenta de bienestar, capaz de informar decisiones cuyo propósito es la expectativa de mejoras en el bienestar. Los autores proponen llamar a esto materialidad de bienestar.

El elemento metodológico decisivo es este: las valoraciones de los impactos se hacen desde la perspectiva de quienes experimentan esos impactos — no desde la perspectiva del inversionista ni desde una estimación interna de la empresa.

Aplicado al caso: si Del Monte produjera cuentas de bienestar, estaría recolectando y analizando datos sobre cómo sus actividades afectan el bienestar de un rango de grupos de interés, incluidos los pobladores locales. Esa información, integrada con las cuentas financieras, llevaría a decisiones muy distintas.

Los autores lo formulan como una pregunta que vale la pena llevar a cualquier comité directivo: ¿qué decisiones de negocio se tomarían si todos estos impactos se incluyeran en los reportes corporativos, pero valorados desde la perspectiva de las víctimas?


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El análisis sitúa la materialidad en el centro de un problema estructural. Las amenazas existenciales del cambio climático y la desigualdad social son reales para todos, y para revertir esas tendencias los autores argumentan que se necesita una transformación en el funcionamiento del capitalismo — lo que significa un cambio en cómo se toman las decisiones.

Central a esa transformación es cambiar el propósito detrás de las decisiones de inversión. Porque una vez que cambia el propósito, cambia también la información que resulta relevante para tomar esas decisiones.

Ese es el punto que conecta con cualquier empresa que hoy esté construyendo su sistema de reporte: la elección entre materialidad financiera y materialidad de bienestar no es una preferencia de formato. Determina qué información se recoge, y por lo tanto qué decisiones son posibles.

Los autores anticipan además un problema más profundo, que desarrollan en un texto posterior: sostienen que la manera en que se usa la materialidad en el reporte de sostenibilidad —e incluso cómo muchos entienden la materialidad financiera— es inconsistente con lo que ocurre en la contabilidad financiera propiamente dicha.


Preguntas frecuentes

¿Qué es la materialidad financiera? El principio de que la información de sostenibilidad es relevante en la medida en que afecta la capacidad de la empresa de generar flujos de caja. Según Social Value International, no se trata de lograr desarrollo sostenible sino de gestión de riesgo financiero.

¿La materialidad financiera previene los daños sociales? No siempre. En el caso analizado, Del Monte estuvo envuelta en escándalos similares durante cuatro años sin que el precio de su acción mostrara una tendencia descendente significativa — lo que sugiere que un negocio puede absorber las consecuencias reputacionales.

¿Qué es la materialidad de bienestar? Un enfoque alternativo propuesto por Social Value International donde las empresas, al calcular utilidades, contabilizan sus impactos sobre el bienestar de las personas, valorados desde la perspectiva de quienes los experimentan e integrados junto al valor financiero.

¿Es posible medir impactos sobre el bienestar de forma rigurosa? Según SVI, sí. Desde 2007 han desarrollado un cuerpo de práctica basado en principios, y su comunidad de practicantes en más de 60 países produce cuentas de valor social o cuentas de bienestar que informan decisiones.

¿Por qué el reporte financiero no captura estos impactos? Porque opera con un filtro circular: se reporta lo que es financieramente material, y si las consecuencias financieras ajustadas por riesgo son bajas, el impacto puede quedar fuera del reporte — aunque sea severo para las personas afectadas.

¿Cuál es la diferencia entre valor perdido para inversionistas y para afectados? No son la misma magnitud en unidades distintas. Para el accionista puede significar una caída temporal de precio o una multa; para las familias afectadas, pérdida permanente de un ser querido, de ingresos, de dignidad y salud. Los autores subrayan que son consecuencias de naturaleza completamente distinta.

¿Esto reemplaza el reporte ESG tradicional? No lo reemplaza — lo complementa. La propuesta es integrar cuentas de bienestar junto a las cuentas financieras, de modo que ambas informen la decisión en lugar de que solo una lo haga.


Cómo Sustek.co contabiliza el valor que el balance no registra

Medir impacto social desde la perspectiva de quienes lo experimentan no es un ejercicio narrativo — es una metodología con estándares verificables. Sustek.co la implementa en tres niveles:

Sustainability Pulse — Establece la línea base ESG e identifica qué grupos de interés experimentan impactos que hoy no están siendo contabilizados. Diagnóstico Sustrategize™: madurez ESG, brechas de datos y mapeo de potencial circular por línea de negocio.

Sustainability Navigator — Construye la evaluación de doble materialidad que integra ambas perspectivas: la financiera que exigen ISSB y CSRD, y la de bienestar que exige el estándar de valor social. Entrega el value-at-stake circular en cifras financieras, la secuenciación de tecnologías 4IR y la Hoja de Ruta de Transformación lista para junta directiva, alineada a CSRD, GRI y TCFD.

Sustainability Command — Mantiene la contabilidad de bienestar viva y auditable mediante ValueFlow™, nuestra plataforma de cuantificación de valor social construida sobre metodología SROI con MeasureUp como banco de proxies — y reportada trimestralmente en dashboards ejecutivos junto a las métricas financieras, no en un anexo separado.

Cuando la medición exige experticia específica — consulta a grupos de interés en terreno, valoración de impactos en cadenas de suministro internacionales, verificación independiente bajo estándares de valor social — Iconet® activa bajo demanda una red de más de 93 consultores de sostenibilidad verificados, sin costo fijo de estructura. El programa Iconet® x AWS reStart tiene un SROI verificado de 6,41:1, calculado con la misma metodología auditable que aplicamos con nuestros clientes.

Sustek.co es S.A.S. BIC certificada bajo Sistema B Colombia, y parte de Google for Startups y AWS Activate.

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Fuente: Harvey, R., con Carpenter, B. y Nicholls, J. (2023). "Financial materiality and human rights, pineapples and profits." The Materiality Files, Blog 1. Social Value International, 7 de septiembre de 2023. Casos e informes citados en el original: investigación conjunta de The Guardian y The Bureau of Investigative Journalism (junio 2023); declaración del bufete Leigh Day; marco de materialidad del International Sustainability Standards Board (ISSB).

Nota editorial: los hechos referidos a Del Monte corresponden a denuncias e investigaciones periodísticas reportadas en las fuentes citadas.


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